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Cuando,
la muchedumbre
de rebeldes fastidios
me arrasa,
en roja estampida,
confabulado atropello,
tengo el más bello
y claro rincón
de finas melodías
y metáforas sin dueño.
Y en su paz
descubro la razón
de los vaivenes
del destino inquieto.
Cuando,
la noche añil del olvido,
el dolor y el desprecio
cubre mi firmamento,
al límite está,
de esa oscura morada,
la oración,
mi pequeño lucero.
De tenue luz
y tibios destellos.
Sutil energía
de mil cristalinas
rocían mi centro.
En los tumultos
no es evadir
un acto certero.
Es tomar el momento,
salir del enredo
y a exacta distancia
centrar la balanza
blanca
de lo verdadero.
No equilibrar
con odios o miedos.
Y libre de ellos,
seguir la Luz
en los brillos
de un claro sendero.
Cuando,
la muchedumbre
de rebeldes fastidios
me arrasa,
en roja estampida,
confabulado atropello,
tengo el más bello
y claro rincón
de finas melodías
y metáforas sin dueño.
Y en su paz
descubro la razón
de los vaivenes
del destino inquieto.
Cuando,
la noche añil del olvido,
el dolor y el desprecio
cubre mi firmamento,
al límite está,
de esa oscura morada,
la oración,
mi pequeño lucero.
De tenue luz
y tibios destellos.
Sutil energía
de mil cristalinas
rocían mi centro.
En los tumultos
no es evadir
un acto certero.
Es tomar el momento,
salir del enredo
y a exacta distancia
centrar la balanza
blanca
de lo verdadero.
No equilibrar
con odios o miedos.
Y libre de ellos,
seguir la Luz
en los brillos
de un claro sendero.
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